Se habían conocido hacía no mucho tiempo, pero sentían que de la vida entera se conocian.
Tardes enteras juntos pasaban, y él en cada beso se volvía loco; ella se estremecia como si cada beso fuese el primero.
Beso a beso, charla a charla hicieron que cada día más sintieran que su amor florecia como el primer día.
Cuando noches enteras pasaban haciendo el amor se sentían como dos adolescentes en su primera vez.
Cuando no se veían deliraban con los recuerdos y eso hacía que la espera fuera más pasajera y rápida.
Hasta que llegó aquel día en el cual ella esperaba todo de él, se había ilucionado como nunca antes. Ese día él la esperaría en el altar y ella acompañada de la mano de su padre, caminaria hasta él; para hacer su unión inmortal.
Pero él nunca apareció. Ella lloró, su maquillaje deramó, el vestido de blanco a negro pasó y en el momento que su cara frotó: se encontró con que estaba sola en una habitación, mojada de sudor, y fue cuando despertó y se dio cuenta de que solo fue un sueño más, una pesadilla dolorosa que, prometió olvidar.
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